Abre.
Saca palabras de quicio
y se dirige al remanso
de su soledad.
Sacude, agita el polvo y desvanece
una rayita de canción
entre sus piernas.
Acude a su alma
estruja su persona
y destila el vicio de su pecho: descubre
la palabra azar.
La palabra tiempo.
Y la palabra sol.
Ahorra todo: pronto
van a representar su sueño.
El fuego. La voz del día.
La palabra bestial
enternecida
otra vez.
saca el azar en flores de su pecho.
Soborna al tiempo,
le muestra el sol,
y el tiempo
se encandila.
Paulina Aliaga

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